jueves, 14 de abril de 2011

"Cuando lo menos malo se corrompe, se convierte en lo peor"...(Cicerón)

Política: Autor del Blogger/Tomás E. Montás




Durmiendo con el presidente
la sociedad civil está a las puertas
del paroxismo social



Escrito por: ANDRES L. MATEO

Aníbal, el cartaginés, no entró a Roma ni dejó intacta la ciudad porque admirara su arquitectura en la que se podía leer el lenguaje imperial de la entonces potencia más poderosa de la tierra.
Aníbal, simplemente no pudo. Ya el Imperio romano había reconstituido sus ejércitos, sus propias tropas estaban extenuadas, y lanzarse contra Roma era un suicidio que un experimentado general no cometería.
Aníbal, en realidad temía lo cierto, y prefirió darle a Cartago cincuenta años de precaria existencia, porque al final Cartago, y no Roma, sería destruida.
Si el pasaje tan cursi de la imagen de Aníbal semióticamente se desplaza a la figura de Leonel Fernández, él admite que, pese a todas las violaciones constitucionales en curso y la suma de poder concentrado que ha estructurado, era imposible la reelección presidencial.
Las sociedades en su conjunto están formadas por una red infinita de signos, cuyo papel fundamental es representar. El signo ocupa siempre el puesto de otra cosa, la evoca y la sustituye. Actuando como tal informa, se impone y debe ser reconocido.
Leonel es Aníbal, el Cartaginés, pero la mentira que inventa lo lleva a decir que Aníbal no entró a Roma para no destruirla, pose casi estética que exalta a un Aníbal conmovido por las artes romanas, cuando en realidad era un fenicio curtido en el comercio y la guerra. Es como decir que él no se reelige porque no quiere hacerle daño a la sociedad.
Ni el Aníbal extasiado por la arquitectura romana existió, ni hay un Leonel Fernández desprovisto de la ambición desmedida de poder que ha exhibido.
Él no renuncia a la reelección porque quiere. Nunca se había visto en la historia contemporánea a los poderes fácticos de la nación tan urticantes con el continuismo. Y la iglesia no había vuelto a tronar de esa manera después del Sermón de Adviento.
La sociedad civil está a las puertas del paroxismo social, y la misma pequeña burguesía a la que alguna vez deslumbró está hastiada de sus discursos que sólo reproducen la fatalidad de la historia.
Pero Leonel se cree el sueño mismo de lo grandioso, y considera como un despojo el que las circunstancias le impidan ir a la reelección, porque él significa la grandeza sin límite de un poder.
¿Cómo debe ser leída, semióticamente, la invocación de Aníbal en el discurso del Presidente?
Como una división entre la gloria y el hechizo.
Aníbal y él, él y Aníbal. Convertido en atributo de su propia grandeza, Leonel Fernández, el mismísimo Aníbal cartaginés que, según él perdona a Roma; hace pasar la pequeña ratería de la renunciación a su derecho a ser reelegido, a la huella de su memoria que encarna la candidatura de Margarita, su esposa.
Así se leerá el signo en el futuro, en su desenvoltura, ligado a su objeto, nos hablará de una eterna grandeza: la de él.
La candidatura de Margarita es la medida de una pasión bien visible por el poder, que cuajó en desmesura. Y funda su relación de verdad sólo con él.
Es únicamente a él que se amolda. La realidad misma de esa candidatura no resiste el más leve análisis de la lógica burguesa: el verdadero candidato es él, Leonel Fernández. El poder legitima todos los símbolos de la vida social, y cada signo es un habla.
Si el signo ocupa siempre el lugar de otra cosa, la evoca y la sustituye; Margarita no es más que el signo que remite a la ambición desmedida de Leonel Fernández.
Esa candidatura es un pregón, un habla, una burla a toda la sociedad que ha rechazado el continuismo mesiánico.
Ahí está el continuismo disfrazado de democracia, contando con el poder y la evaporación que el tiempo produce en la cualidad histórica de las cosas.
Porque Margarita lo que hace es significar la grandeza sin límite de un poder.
Y si gana, si ella pasa a ser Presidenta, allí dormirá tendido. El mundo a sus pies, desde la vacía certeza de la nada. Durmiendo con el Presidente y la Presidenta, como si fuera el lecho de los dos, el epitafio de la ambición que se erigió a sí mismo. http://hoy.com.do/
(Publicado por GUASABARAeditor en GUASABARAeditor el 4/14/2011 11:29:00 AM)




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