martes, 4 de enero de 2011

"La violencia de las dictaduras siempre se enzaña contra el débil"

Libro: Autor del Blogger/Tomás E. Montás



Libro Pércival
revela conflicto
Cuba-RD pudo
llegar a lo peor



(Este despacho trata sobre una versión del conflicto que en septiembre de 1977 pudo degenerar en lo peor entre Cuba y República Dominicana, según lo afirma en su libro “Refriega en la Trinchera” el general de la Fuerza Aérea Dominicana, Pércival Peña, extracto de cuyo texto nos envía por e-mail el colega Ramón Sanabia Juliao y que recogemos en este Blogger)


“El general de brigada piloto Rafael Pércival Peña, en su libro
“Refriega en la trinchera”, refiere la tensa situación que se vivió
entre Cuba y República Dominicana, al extremo de que se temía lo peor
en cuanto a que se desatara un conflicto bélico de serias repercusiones
en la región.
Esto a raíz del incidente que se inició con el ataque y captura del
barco cubano Capitán Teo, luego de que fuera avistado por una avioneta
de matrícula dominicana en el océano Atlántico, en aguas
internacionales y procedente de Angola, donde el régimen castrista
tenía emplazadas tropas y pertrechos militares.
En el capítulo dos del libro se lee que “volaban las escuadrillas a
velocidad supersónica rompiendo la velocidad del sonido a unos 630
nudos, en forma diamante rozando las copas de los árboles y las
antenas de televisión de la población, la que salía a la calle a ver
el show aéreo, pero en su interior no sabían lo que se tejía por debajo
de la mesa en las altas políticas del Estado cubano”.
Transcurrido el plazo de 24 horas para que fuese liberado el barco,
Cuba tenía planes de atacar todas las instalaciones militares de Puerto
Plata, Santiago y Santo Domingo con las temibles bombas rusas inexactas
FAB-500 de 500 kg. Estas eran bombas inertes no de precisión, y serían
lanzadas en lugares densamente poblados.
“Un hermetismo de oscurantismo medieval bizantino ha rodeado todo lo
acontecido sobre este caso todavía hoy en día”, refiere Pércival Peña,
quien tiene una maestría en defensa y seguridad.
Tras conocerse la presencia del barco, la Fuerza Aérea Dominicana
despachó dos aviones Mustang P-51, y dos helicópteros Bell-Huy.
“Apenas transcurrieron 23 minutos de vuelo mar adentro cuando se
divisó el buque cubano allá muy lejos en el horizonte, al norte de Cabo
Francés Viejo”, resalta el autor, y agrega que una unidad de la Marina
de Guerra le perseguía a toda máquina, pero no lograba darle alcance.
El barco cubano navegaba “muy quitado de bulla” a principios de
septiembre del 1977 en aguas internacionales sigilosamente procedente
de Angola.
“Su misión no era un secreto, sí un "secreto a voces" publicado en las
altas esferas de los titulares de los periódicos y revistas
internacionales”, refiere el autor, para agregar que suministraba
personal fresco, abastecimiento y municiones de logística a las tropas
acantonadas que luchaban en Angola, al mismo tiempo venía cargado con
otras cosas desde el África lejana.
La embarcación fue interceptada mientras hacía su travesía de regreso
hacia La Habana y apresada por una misión dirigida desde las altas
instancias por el centro del poder en Dominicana.
Lo que sigue más adelante es un compendio de lo tratado por el autor en
el capítulo 2 de su obra: El mayor Carlos Manuel Jiménez Fernández (El
Cachorro) habló por teléfono con el oficial del día del campamento
militar correspondiente, conminándolo y dándole las instrucciones de
que por orden superior preparara una escuadra de los más versados
hombres para una misión de posible combate para abordar un barco en
alta mar.
“Los hombres se deslizarían en Rapel sobre su objetivo”. Además, que
los dos helicópteros fueron despachados para la misión. Y la Marina de
Guerra el guardacostas 102, comandado por Ramón Nundino Hernández, que
comenzó la persecución a una velocidad restringida que no permitiera
darle alcance con prontitud al blanco señalado.
La operación combinada estaba en pie. La orden llegó a Santiago de los
Caballeros y se quedaron perplejos ¿Cómo va a ser? !Hundan el barco!
Anda p’al carajo, se le subió la sica a la cabeza! En qué liazo va a
meter a este país! Inmediatamente se ordenó artillar los dos Mustang
P-51D, FAD 1912 y, el 1916 armados con los viejos cohetes Matrax
franceses, muy efectivos y altamente explosivos, sus seis
ametralladoras calibre 50 también fueron activadas sus láminas.
El comandante de la Base de Santiago, Juan Antonio Disla Abreu, un
oficial de tropa no académico, con un instinto felino zahorí, y una
paciencia de iguana sabanera, manoseaba en sus adentros la misión con
su subcomandante, teniente coronel Pablo Israel Garrido Medina.
El viejo Disla Abreu le decía: !Algo me huele mal en esto!
Sabía en su interior que si desataban los perros de la guerra no se pararía por
largo rato el embrollo e incendiarían la pradera por un largo tiempo
las pesadas estructuras de la “guerra fría” estaban intactas, los roles
de las fuerzas militares y la militarización de los cuerpos policiales,
así como la politización de la inteligencia militar era la orden del
día de aquellos aciagos tiempos, y fueron herencias acicaladas
recibidas de la trujillización del país.
La guerra fría potencializó y agravó vicios históricos arraigados en
las instituciones militares en ese tiempo.
Al impacto de ella en el campo militar dominicano se agregó el criterio
patrimonialista que le inculcó durante la dictadura del general
Trujillo fomentando una política de Seguridad y Defensa, que alentó el
autoritarismo en el continente y posicionó ideas antidemocráticas en la
mentalidad de muchas generaciones de oficiales, llegando a confundir
como parte integral del estamento militar.
Disla balbuceaba en su interior: nadie, absolutamente nadie, asumiría
la responsabilidad.
Era un verdadero taumaturgo leyendo el “Oráculo de Delfos”. Su perfil
“guardístico” era encomiable y su experiencia de muchos años en esos
menesteres le acrisolaba un respeto papal. A pesar de ser un soldado
de tropa, no le habían pasado por encima los años de navegar en aguas
tormentosas en la dictadura trujillista.
Percibía que algo no andaba bien, podía olisquear en el horizonte y ver
> > un mime a kilómetros; si sucedía lo imprevisto, nadie iba a asumir la
total responsabilidad, se preguntaba, de la jodida “obediencia debida”,
cacareada tanto y tan manoseada por la gente de letra en los estrados
de justicia.
El subcomandante de la unidad, teniente coronel Garrido Medina, un
oficial superior maduro y muy comedido en sus actuaciones
parsimoniosas, con una paciencia innata en su espíritu, observaba todo
por dentro y las dimensiones de alcance de todo, en su profundidad
meridiana lucubraba para tomar las decisiones acertadas y correctas
sobre el caso.
Llamó aparte al líder del elemento primer teniente Gabriel Medina
Felipe y jefe de la misión en el Club de Oficiales! Óyeme bien Guinea
(era el call sign de Medina Felipe) la adrenalina bájala un poco que
todo esto está un poco subido de sal.
La Guinea, como le decían sus compañeros (por ser “espantao” hasta la
saciedad) de armas solo lucubraba : “¡coño, qué vaina! ¿quién me mandó a
meterme en esta vaina?”, decía por dentro la Guinea.
El papel legal, ya lo tenía “la Guinea” en la mano inmediatamente llamó
a su número dos el segundo teniente Juan Rafael Folch Hubieral, a quien
él personalmente le dio instrucción de vuelo en P-51D en el FAD 1900.
En lo referente a la misión que llevaría a cabo en los dos aviones
Mustang P-51, al mismo tiempo dos unidades BELL-HUY. El teniente
coronel Muñoz Pérez, con el mayor Cruz Ramírez, y en el otro
helicóptero el teniente coronel Elián Medina, salían de San Isidro con
el personal de la guerrilla a bordo.
Los pilotos de los aviones encendieron los motores de los Mustang, el
avión de la Guinea no abría el Kulan en su prueba después del
encendido, inmediatamente los mecánicos diligenciaron y solucionaron el
problema.
Estos aviones obsoletos tuvieron un servicio en la línea de vuelo por
más de treinta y cinco años en servicio activo en la FAD.
Los dos aeroplanos despegaron en formación siamés y se agolparon en
buscar su presa, traspasando las zonas montañosas de la cordillera
Septentrional de la isla de Quisqueya, en apenas minutos visualizaron
las aguas azulosas del Atlántico.
Gabriel seleccionó su ametralladora y disparó en el costado lateral
derecho paralelo a la embarcación intencionalmente sin hacer impacto,
ninguna reacción se obtuvo, los helicópteros con el personal de la
guerrilla observaban desde una distancia prudente.
El capitán del barco giró a estribor y enfiló rumbo norte franco en su
último acto desesperado de desembarazarse de la persecución.
En ese momento, el contacto físico con la ametralladora era
irreversible y la única solución de frenar al buque. El 1er. Tt. Gabriel
Medina se desprendió en su última advertencia e impactó con su
ametralladora 50 en el costado derecho, convirtiendo el casco duro de
hierro en un colador.
El buque paró su máquina y la estela de espuma comenzó a disiparse
detrás de él. Mostrando que su máquina había cesado su marcha,
inmediatamente entraron en acción los dos helicópteros Bell-Huy, los
dos aviones volaron en círculo sobre la embarcación, el personal de la
guerrilla se esforzaba para ocupar el barco, el helicóptero encima del
buque buscaba una posición estable, pero el fuerte viento se lo
impedía; El oleaje del océano y la velocidad del viento por encima de
los treinta y cinco nudos impedían a los hombres posarse en la
superficie de la proa. La tripulación cubana ayudó a los hombres a
tomar el barco. Después de ocupado el barco, giró con rumbo 240ª a
Puerto Plata en calidad de retenido.
Es ahí, donde comienza el vendaval de acciones diplomáticas del
gobierno cubano.
El gobierno cubano evolucionaba en el campo diplomático.
Los dos Mustang regresaron a su base sanos y salvos, no sin antes pasar
rasante sobre la pista, ufanándose de la misión cumplida. En el ínterin
Medina Felipe, ya se había enterado que nadie dentro del barco había
resultado herido, sentía un gozo humano en su alma y un aivio profundo
de alegría se apoderó de su corazón y reconfortando su espíritu de
soldado.
Jamás pensaron en sus adentros que este era el comienzo de un conflicto
inconmensurable entre dos países latinoamericanos y de una respuesta
tan contundente de la Fuerza Aérea Cubana, en cuanto a violar el
espacio aéreo dominicano.
Al informar a sus superiores inmediatos, a Disla y Garrido les
ordenaron que se vistieran de amarillo, y se reportaran al jefe de
Estado Mayor en San Isidro. “Al llegar nos ordenaron pasar ante él, y
le rendimos un detallado informe verbal pormenorizado de todo lo
acontecido.
Y nos felicitó, advirtiéndonos que absolutamente a nadie le habláramos
de lo acontecido, y que jamás se hablara de eso. Seguido nos ordenó
reportarnos a nuestra unidad de Santiago”, recuerdan. El incidente del
barco calentó la pista en el Caribe.
Todo estaba aparentemente en silencio en la Base Aérea de Santiago.
Solo la cúpula militar de arriba sabía de la trama que se tejía tras
bastidores en el conflicto.
Una orden salida del mismo despacho del jefe de Estado Mayor de la
Fuerza Aérea Dominicana, Renato Rafael Malagón, de apresar al barco
cubano que navegaba en aguas territoriales, y para asombro de todos, la
orden fue de hundir el barco.
El musitar de la oficialidad de mando intermedio no se hizo esperar:
¡Se volvió loco! !Se le subió la sica a la cabeza! El jefe de Estado
Mayor perteneció a la camada del Escuadrón Caza Bombardero “Ramfis”. Su
estilo profesional extrovertido, era propio de su génesis innata.
Un silencio sepulcral se apoderó de la situación al proferir aquella
orden el jefe de la aviación. Los correligionarios ayudantes quedaron
atónitos.
El espanto era generalizado, y el asombro al dar tan descabellada
orden unilateral sin analizar las consecuencias, donde podía zambullir
al país en una debacle y América Latina de un solo chapuzón en un
conflicto de consecuencias incalculables sus miradas quedaron perdidas
en lontananza. Ensoberbecida estaba la noche y tamizaba otra nueva
aurora feliz el 9 de septiembre de 1977, fecha histórica de recordar.
Entrada ya la mañana, y los rayos solares adueñándose del día
comenzaron las nubes a dispersarse, un cielo inmenso comenzó adueñarse
de la mañana. Varios minutos pasaron cuando gran parte de las tropas
acuarteladas en el recinto se dirigían a sus labores rutinarias del
cuartel, el reloj marcaba las 7:40 a.m.
En ese mismo instante lejos en el Oeste a 290 km de distancia
específicamente en Guantánamo tres escuadrilla de MIG-21, rompían sobre
la pista y apoyaban sus ruedas de aterrizaje sobre el asfalto tosco y
duro, dando inicio a la Operación Pico. Rápidamente los aviones MIG-21
ibis fueron reabastecidos de combustible por el personal de
mantenimiento para completar su nueva misión.
La acusación dominicana recaía sobre el barco cubano de navegar en
aguas territoriales dominicanas, violando la soberanía del país.
La orden de interceptar y detener el barco salió de la Jefatura de la
FAD. Pércival Peña aporta el dato de que “la aguja de la brújula
apunta en la ribera del Potomac (en franca alusión al gobierno de
EE.UU.), la reacción cubana no se hizo esperar”. Fidel Castro llamó al
alto mando militar el 8 de septiembre para una reunión de urgencia en
el Ministerio de la Fuerza Armada Cubana.
Estuvieron presentes en ese encuentro el general Francisco Cabrera,
jefe del DAAFAR; teniente coronel Rubén Martínez Puente, jefe de la
Brigada de Caza de San Antonio, y el subcomandante del DAAFAR, coronel
Rafael del Pino, y otros jefes militares de unidades responsables.
Prepararon todo los pormenores de una operación de envergadura aérea
nunca antes realizada por la Fuerza Aérea Cubana en América Latina y se
le llamó: “Operación Pico”, esta operación secreta contaría de una
primera y una segunda fase.
La primera consistía en volar las tres escuadrillas (12 aviones) de
MIG-21 sobre Puerto Plata rasante a alta velocidad e impresionar a la
población civil y al Gobierno dominicano con un mensaje fácil de
descodificar que la aviación cubana tenía superioridad aérea de llegar
al punto y capacidad de regresar sin ningún problema, la seña estaba
bien clara y para entonces el gobierno de Balaguer se encontraba
bastante deteriorado.
Cada MIG-21 llevaría en este primer vuelo un tanque adicional de
combustible de 800 litros, y cuatro misiles térmicos K-13 (AA-2).
Después del éxito de la primera fase se le enviaría un ultimátum al
Gobierno dominicano con un plazo de 24 horas hábiles para liberar el
buque capturado por unidades especiales.
La aviación cubana bombardearía todas las unidades militares
dominicanas en Santo Domingo, Puerto Plata y Santiago el ultimátum
finalizaba el 10 de septiembre y la hora “H” comenzaba a las 10:00. El
Gobierno cubano no toleraría afrentas al honor de ese país y a sus
ciudadanos.
Las cosas no se quedarían así, decía Fidel acariciando orgulloso la chiva de su barba, símbolo de la vieja guardia de la Sierra Maestra.
Para la segunda fase, las órdenes militares fueron dadas y ejecutadas,
trasladando a varios escuadrones soviéticos M-21 MF a Santiago de Cuba,
Baracoa, Guantánamo y puestos todos en Moa (Máximo Operación de
Alerta) Poniendo una correlación de fuerza a la par para disuadir
cualquier intento del norte de intervenir en el posible conflicto.
Asegurando una cobertura aérea a la misión si se requería.
Se despacharían órdenes falsas para dislocar las informaciones a través
de las comunicaciones y desorientar con misiones no reales.
Tropas de Oriente fueron movilizadas en operaciones falsas en modo de
distracción hacia el Oeste de Cuba. A la 1:00 de la tarde del 10 de
septiembre de 1977 se recibió una llamada telefónica de carácter
importante para resolver el conflicto por vía de la diplomacia.
Habían transcurrido tres horas apenas del pasaje sobre Puerto Plata y
faltaban 21 horas para que se venciera el tiempo del ultimátum.
La sangre no llegó al río y a las 8:00 el presidente dominicano ordenó
liberar la embarcación con su equipo sofisticado de comunicación y
comienza a navegar rumbo a Cuba, liberando la presión de controversia
de solución pacífica de conflicto si se hubiera utilizado la diplomacia
existente entre los dos estados.
En la primera fase de vuelo, se seleccionaron los pilotos más versados
y audaces por experiencia para la misión, un total de 12, para volar
los MIG-21 de la Base Aérea de San Antonio también se seleccionó al
mayor Rubén Pérez Martínez a darle los nombres de los pilotos a su jefe
inmediato jefe de la brigada de caza Rubén Martínez Puente. Allí se
encontraba el coronel Rafael del Pino, quien asumiría el comando de la
misión.
El alto mando cubano despachó varias unidades en un esfuerzo de
concentrar fuerza superior en Santiago de Cuba, Baracoa y Guantánamo.
Los radares extra operarían en puntos preseleccionados estratégicos con
antelación en Punta Maisí para una detección temprana en caso de
retaliación por parte de la aviación, para no subestimar la capacidad
de repuesta de los dominicanos.
Toda la operación era una iniciativa del mando cubano, en la que en
nada se podía asociar a los rusos. Fidel Castro enfatizó esto en su
reunión. Sus asesores querrían no mezclar el incidente con los
soviéticos en caso de que la ONU interviniera en la solución del
conflicto.
Por eso, durante la reunión de los preparativos se puntualizó borrar
todo el vestigio existente en los tanques auxiliares, que eran muy
necesarios para realizar la misión de vuelo, pero no así para el
regreso, porque eran una resistencia parásita muy costosa y se
convertían en un estorbo, aumentando el consumo de combustible de
regreso, pena capital de la misión, ya que tenían que recorrer 580
millas en total ida y vuelta. Serían lanzados en la playa como vestigio
evidente de un mensaje bien claro.
Fidel Castro explicó en la reunión, muy brevemente pero con vehemencia,
las implicaciones políticas y sus consecuencias, después de la
provocación de retener la embarcación. Personalmente, supervisó las
condiciones psicológicas de ánimo de la tripulación de los aviones.
Fuente; El Caribe

("Pon tu mano derecha en tu hombro izquierdo y tu mano izquierda en tu hombro derecho. Ese es mi abrazo. Feliz año nuevo 2011" Ramón Sanabia).

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